INSTRUCCIONES PARA SALVAR AL MUNDO
Primero, no te enamores. O no lo hagas con la intención de encontrar el amor. Eso de enamorarse es una linda farsa y, sí, he de admitirlo, sospecho que viene de bonus cuando te gusta algo. Pero sólo te gusta, primero, luego no sabes; puede no ser amor, quiero decir.
Empecemos con eso porque si se pierde de vista, luego viene una estúpida desilusión que, quieras o no, te marca. Te marca, me explico, enamorarte esperando a continuación “el amor” y que al final no, nada, piña, se acabe y ya; te marca y esa marca te hace temer, y el temor no te deja avanzar.
No voy a profundizar, confío en que ya te hayan roto el corazón al menos una vez y no haya demasiado qué completar de la idea anterior.
A continuación, naturalmente, continuar. No sólo después del enamoramiento y su desilusión. Continuar nomás, después de, no sé, mudarse, romper o botar algunas cosas (viejas o no), cumplir años, el disco nuevo, la resaca por la mañana, el ascenso, subir o bajar unos kilitos, despedir a alguien a quien se quiere mucho.
Los más ancianos dicen sabiamente que mientras haya salud, hay que seguir adelante.
Seguir es necesario porque es cuando caminas que abres plazos, encuentras rumbos, alcanzas nuevos niveles, revelas diferentes puntos de vista, aprendes, te gastas, encuentras, pierdes, ganas… el hecho mismo de avanzar encierra en sí toda su relevancia.
Sé egoísta. No le harás daño a nadie, vamos, el egoísmo no lastima a las personas, la estupidez sí —preocúpate más por no ser un imbécil—; puede que seas de las personas a las que han rechazado alguna vez o de las que alguna vez rechazaron a alguien, en cualquier caso sabes que se sobrevive al egoísmo. Ahorrar es ser egoísta, madurar es ser egoísta, callar es ser egoísta y hablar también lo es, a veces. Sé egoísta en tu fuero interno; que el egoísmo sea tu regla y el altruismo la excepción, pero voluntaria excepción —por mal que suene, la gente no valora a los que tienen siempre los brazos abiertos, el hombro para llorar, el oído presto; y no es que la gente sea idiota; la gente sólo se acostumbra, como a una buena canción: De tanto escucharla, sin dejar de ser una buena canción pasa a nivel de las otras no tan buenas (ok, friendzoneds, pueden soltar el llanto)—. Sé egoísta porque, para aclararlo, no es otra cosa que buscar el bien personal antes que el de los demás: exacto, tal como ellos suelen hacer contigo; es el truco.
Aprende a mantener la calma. Es importante tener esta habilidad, y paso a explicar por qué: Mantener la calma te ayudará a encontrar siempre (o estar mejor preparado que la mayoría para encontrar siempre) un espacio o tiempo para pensar con claridad. Y mientras más espacio para pensar claro tengas, menos estupideces cometerás.
No se trata de no perder la calma, se trata de perderla, ok, pero recuperarla (antes, mejor) y mantenerla luego. Es como en el box, no hay forma de que no te golpeen duro, pero sí la hay de que te recuperes en el menor tiempo; y eso se logra con preparación, entrenando.
Disciplina, una de mis palabras favoritas, exige muchísimo de uno mismo.
Aprende. De lo bueno se aprende, de lo malo se aprende más. Contrario a lo que se piensa, yo no creo que sea la ignorancia lo opuesto a aprender, sino el temor; como dije al principio, el temor te detiene, te ofende, te amordaza. Los únicos que no aprenden son los llorones que no ven más allá de su nariz y las lágrimas que nunca se secan; porque los llorones se acostumbran a verse así, deprimidos, bajoneados todo el tiempo para que su entorno les tenga compasión… oh, y eso les fascina. Les fascina de un morboso y estúpido modo: les permite quedarse en el estado en que están. En el fondo, y puedo equivocarme, son bastante holgazanes… o lo fueron y ya no saben cómo salir, o ya ni se les antoja; si vuelven a la realidad, es de visita. Será cruel: Son como una cucaracha de patas arriba, salvo que la cucaracha efectivamente no podría voltearse y ellos sí, pero no lo hacen. Me salí del tema, pero es importante.
Aprender es otra disciplina; hay que entrenarse para saber distinguir, sacar, reforzar, replantearse o ya de plano corregir una lección; aprender pone a prueba no sólo el intelecto sino el carácter; aprender te condena obliga a cuestionarte a ti mismo (retroalimentarte, ponle); si no te hace pensar, no te ayuda; aprender es primordial, sé honesto contigo mismo. Aprende siempre porque el cerebro todavía es un misterio para la ciencia pero si hay algo que sabemos con certeza es que puede aprender casi infinitas cosas, y a veces, sin que lo convoques, será tu mejor salvavidas.
Disfruta. Todo lo anterior se va al carajo si no sirve para disfrutarte, en primer lugar, y luego a tu entorno cercano. Cercano en el sentido figurado; se puede estar a kilómetros de distancia de la gente más querida y no por eso ella no está cerca de ti. La distancia, para este punto, pongamos que habla de afecto. Haz locuras que te hagan pasarla bien. Besa, abraza, huele, muerde, revuélcate, levántate tarde, ensúciate, pierde el tiempo, aséate, sal a la calle sin tener que ir a algún lado, descubre, mira la lluvia, el atardecer, el mar, el cielo, a los niños, levántate temprano, ve al campo, conversa con los extraños un poquito, un comentario ligero siquiera, buenos días, buenas tardes, con la gente más humilde, qué bonito el día, con los que trabajan duro, con los que parecen distraídos, buenas noches, ayuda a alguien que no te pueda recompensar, comparte el sexo, el dinero, duerme rico, lee, escribe, pregunta cosas que no sabes, contesta que no sabes cuando así sea, llama a un amigo de tiempo, ya en el camino ves qué decirle y si no hay tema, fue un gusto, hasta pronto, atrévete.
Llegado a este punto, como indica el título, habrás salvado al mundo. Al tuyo, para empezar.














